Google+ Badge

Google+ Followers

Infolinks In Text Ads

Gana una tarjeta regalo de 500 euros. Apúntate, es gratis, y si tu ganas, yo también gano. Sigue este enlace: http://www.premiofacil.es/alta.php?idr=52892442 !Vóta este sitio en Cincolinks.com

.

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

AUTOR DE TIEMPOS PASADOS

.

GOTICO

↑ Grab this Headline Animator

 Ruleta  Apuestas Deportivas  Juegos  Peliculas  Turismo Rural  Series Online Creative Commons License Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons. Peliculas juegos gratis juegos
INFOGRAFIA ESTORES ALQUILER DE AUTOS EN LIMA HURONES POSICIONAMIENTO WEB ¡Gana Dinero con MePagan.com! Herbalife Amarres de amor Union de parejas Desarrollo de software a medida Bolas chinas Comprar en china Amarres de Amor Hosting Peru Noticias Anime Actualidad de cine Ver peliculas

Seguidores

--

domingo, 1 de noviembre de 2009

LOS CUENTOS DE ZOTHIQUE -- LA MUERTE DE ILALOTHA



LA MUERTE DE ILALOTHA


"¡Negro señor del miedo y del terror, dueño de toda. confusión!
Por ti, dijo tu profeta, el nuevo poder es dado a los magos después de la muerte,
y las brujas, pudriéndose, exhalan un aliento prohibido,
y tejen encantos salvajes e ilusiones tales,
como nadie, excepto las lamias, pueden utilizar.
Y por tu gracia los cuerpos corrompidos pierden
su horror y se encienden amores nefandos
en cámaras fétidas, largo tiempo oscurecidas.
Y los vampiros te dedican sus sacrificios
vomitando sangre, como si enormes urnas hubieran
su brillante tesoro bermellón derramado
sobre nuevos y antiguos sepulcros."

Letanía a Thasaidón de Ludar.

Según la costumbre en el antiguo Tasuun, las exequias de Ilalotha, dama de honor de la reina viuda Xantlicha, habían sido ocasión de abundante jolgorio y prolongada fiesta. Durante tres días había yacido vestida con atavíos de gala en medio del gran salón de banquetes del palacio real de Miraab, en un ataúd formado por sedas orientales de diversos colores y bajo un dosel de tonos rosados que bien podría haber coronado algún lecho nupcial. A su alrededor, desde la penumbra del amanecer hasta el ocaso, desde el frío atardecer hasta la tórrida y resplandeciente aurora, la febril marea de las orgías fúnebres había crecido y aumentado sin descanso. Nobles, oficiales de la corte, guardianes, escuderos, astrólogos, eunucos y todas las damas nobles, camareras y esclavas de Xantlicha habían tomado parte de aquel pródigo libertinaje que se pensaba era lo que honraba más apropiadamente a la difunta. Se cantaron locas canciones y dísticos obscenos y las bailarinas giraron con un frenesí vertiginoso al lascivo sollozo de flautas incansables. Vinos y licores eran derramados torrencialmente de monstruosas ánforas, las mesas humeaban con las gigantescas bolas de carnes picantes, constantemente repuestas. Los bebedores ofrecieron libaciones a Ilalotha hasta que las telas de su ataúd estuvieron manchadas de tonos oscuros por los líquidos derramados. Por todas partes a su alrededor, yacían aquellos que se habían rendido a la licencia del amor o a la fuerza de sus intoxicaciones, en actitudes desordenadas o del mayor abandono. Con los ojos medio cerrados y los labios ligeramente separados, en la rosada sombra que arrojaba el catafalco la muchacha no tenía aspecto de estar muerta, sino que parecía una emperatriz dormida que gobernaba imparcialmente sobre los vivos y los muertos. Esta apariencia, junto con un extraño aumento de su natural belleza,
fue algo que muchos observaron y algunos dijeron que parecía esperar el beso de un amante, más que los besos del gusano.

La tercera noche, cuando las lámparas broncíneas de muchos brazos estaban encendidas y los rituales se acercaban a su fin, volvió a la corte el señor de Thulos, amante oficial de la reina Xantlicha, que había partido una semana antes a visitar su dominio en la frontera occidental y no conocía la muerte de Ilalotha. Sin saber nada, entró en el salón en el momento en que la orgía comenzaba a flaquear y los asistentes, por el suelo, comenzaban a sobrepasar en número a aquellos que todavía se movían, bebían y hacían fiesta.

Observó con poca sorpresa el desordenado salón, puesto que escenas semejantes le eran familiares desde los tiempos de su infancia. Después, acercándose al ataúd, reconoció a su ocupante con no poco asombro. Entre las numerosas damas de Miraab que habían atraído sus libertinos afectos, Ilalotha le había retenido durante más tiempo que la mayoría y se decía que había llorado más apasionadamente su abandono que ninguna otra. Hacía un mes que había sido sucedida por Xantlicha, que había mostrado favor a Thulos en forma nada ambigua, y éste, quizá, la había abandonado con cierto pesar, porque el puesto de amante de la reina, aunque lleno de ventajas y no del todo desagradable, era algo precario. Se creía generalmente que Xantlicha se había desembarazado del fallecido rey Archain por medio de una dosis de veneno descubierta en una tumba que debía su peculiar sutileza y violencia a la ciencia de antiguos hechiceros. Después de esto había tomado muchos amantes, y aquellos que no llegaban a complacerla habían tenido invariablemente un final no menos violento que el de Archain. Era exigente y
exorbitante, exigiendo una fidelidad estricta que a Thulos le resultaba algo irritante; éste, alegando asuntos urgentes en sus remotos dominios, se había alegrado bastante de estar una semana alejado de la corte.

Ahora, de pie al lado de la mujer muerta, Thulos olvidó a la reina y rememoró ciertas noches veraniegas, engalanadas por la fragancia del jazmín y la belleza de Ilalotha, tan blanca como aquella flor. Todavía le resultaba más difícil que a los demás tomarla por muerta. porque su aspecto actual no se diferenciaba en nada del que había asumido a menudo durante su antigua relación. Para complacer sus caprichos, ella había fingido algunas veces la inercia y tranquilidad de la muerte, y en tales momentos la había amado con un ardor no atenuado por la vehemencia felina con la que, otras veces, ella estaba dispuesta a devolver o invitar sus caricias. Momento a momento, como si fuese la obra de alguna poderosa magia, cayó sobre él una curiosa alucinación y le pareció que de nuevo era el amante de aquellas noches perdidas y que había entrado en aquel pabellón de los jardines del palacio donde Ilalotha le esperaba sobre un lecho sembrado de pétalos, yaciendo con el pecho inmóvil, como sus manos y su rostro. Ya no vio más el abarrotado salón; las luces llameantes, los rostros, enrojecidos por el vino, se habían convertido en parterre de flores perezosamente inclinadas, iluminados por la luna, y las voces de los cortesanos no eran más que el débil suspiro del viento entre los cipreses y el jazmín. Los tibios y afrodisiacos perfumes de la noche de junio le rodearon, y otra vez, como antes, le pareció que salían de la persona de Ilalotha no menos que de las mismas flores. Presa de un intenso deseo, se inclinó y sintió cómo su frío brazo se estremecía involuntariamente bajo su beso.

Entonces, con la estupefacción de un sonámbulo despertado rudamente, oyó una voz que silbaba en su oído con un dulce veneno.

—¿Te has olvidado de ti mismo, mi señor Thulos? En realidad, poco me maravilla, porque muchos de mis cortesanos la consideran más hermosa muerta que viva.

Y apartándose de Ilalotha, mientras el extraño encanto desaparecía de sus sentidos, encontró a Xantlicha a su lado. Sus trajes estaban en desorden, su cabello caído y desgreñado y se tambaleaba ligeramente, agarrándose a su hombro con dedos de puntiagudas uñas. Sus labios llenos, rojos como las amapolas, se curvaban con la furia de una arpía, y en sus ojos amarillos de largas pestañas brillaban los celos de un gato enamorado.

Thulos, sobrecogido por una extraña confusión, sólo recordaba parcialmente el encanto al que había sucumbido y no estaba seguro de haber besado realmente a Ilalotha y de haber sentido su carne temblar bajo su boca. En verdad, pensó, esto no puede haber sucedido, había sido presa de un sueño estando despierto. Pero le preocupaban las palabras de Xantlicha y su ira y las furtivas risas de los borrachos y los murmullos obscenos que oyó entre la gente que estaba en el salón.

—Ten cuidado, Thulos—murmuró la reina, mientras su extraña ira parecía desaparecer—. Se dice que era una bruja.

—¿Cómo murió?—preguntó Thulos.

—Se rumorea que fue la fiebre del amor quien la mató.

—Entonces seguramente no era una bruja —dijo Thulos con una ligereza que estaba lejos de sus pensamientos y de sus sentimientos—, porque una verdadera maga hubiese encontrado la solución.

—Fue de amor por ti—dijo Xantlicha oscuramente—; y, como todas las mujeres sabemos, tu corazón es más negro y más duro que el diamante negro. Ninguna magia, por poderosa que sea, puede prevalecer ahí.

Mientras hablaba, su humor pareció ablandarse repentinamente, y continuó:

—Tu ausencia ha sido muy larga, mi señor. Ven a verme a medianoche, te esperaré en el pabellón del sur.

Después, mirándole de forma bochornosa por un instante bajo los entornados párpados, y pellizcando su brazo de forma que sus uñas atravesaron tela y piel como las uñas de un gato, dejó a Thulos para dirigirse a saludar a ciertos eunucos del harén.

Thulos, cuando la atención de la reina le dejó, se aventuró a mirar de nuevo a llalotha, sopesando, mientras tanto, las curiosas observaciones de Xantlicha. Sabía que Ilalotha, como muchas de las damas de la corte, había sido aficionada a hechizos y filtros, pero su brujería nunca le interesó, puesto que no sentía interés en otros encantos o hechizos que aquellos con los que la naturaleza ha dotado el cuerpo de la mujer. Y le era completamente imposible creer que Ilalotha había muerto de una fatal pasión, puesto que, en su experiencia, las
pasiones no eran nunca fatales.

Mientras la contemplaba con emociones confusas, fue asaltado de nuevo por la sensación de que no estaba muerta en absoluto. No se repitió aquella extraña y medio recordada alucinación sobre otro tiempo y otro lugar, pero le pareció que ella se había movido de su primitiva posición sobre el catafalco manchado por el vino, volviendo su rostro ligeramente hacia él, como una mujer se vuelve hacia un amante esperado, y que el brazo que había besado —fuese en sueños o en realidad—se había separado un poco de su costado.

Thulos se inclinó más cerca, fascinado por el misterio y empujado por una atracción más extraña que no podría haber.nombrado. Seguramente, otra vez se había equivocado. Pero mientras sus dudas aumentaban, le pareció que el pecho de Ilalotha se estremecía con una débil respiración, y oyó un susurro casi inaudible, pero sobrecogedor: "Ven a verme a medianoche. Te esperaré... en la tumba".

En aquel instante aparecieron al lado del catafalco varias personas vestidas con el sobrio y raído atavío de los sepultureros, que habían entrado silenciosamente en el salón, sin ser advertidos por Thulos o por los demás de la compañía. Entre ellos transportaban un sarcófago de finas paredes y de bronce, soldado y bruñido recientemente. Su oficio era retirar a la mujer muerta y llevarla a las cámaras sepulcrales de su familia, que estaban situadas en la antigua necrópolis, al norte de los jardines del palacio.

Thulos hubiese querido gritar para impedirles su propósito, pero su lengua no salió de su boca ni pudo mover ninguno de sus miembros. Sin saber si estaba dormido o despierto, vio cómo la gente del cementerio colocaba a Ilalotha en el sarcófago y se la llevaba del salón con rapidez, sin que nadie les siguiera, pues los soñolientos juerguistas ni siquiera les habían advertido. Sólo cuando el sombrío cortejo hubo partido fue él capaz de moverse de su posición, junto al catafalco vacío. Sus pensamientos eran perezosos y llenos de oscuridad e indecisión. Presa de una inmensa fatiga, que no era extraña después de viajar durante todo el día, se retiró a sus aposentos y cayó instantáneamente en un sopor tan profundo como la muerte.

Liberándose gradualmente de las ramas de los cipreses, que parecían los largos y extendidos dedos de una bruja, una luna descolorida y malformada brillaba horizontalmente sobre la ventana del este cuando Thulos se despertó. Por esta señal, supo que era cerca de la medianoche y recordó la cita que tenía con la reina Xantlicha; una cita que sería difícil de romper sin incurrir en el mortal enojo de la reina. También, y con singular claridad, recordó la otra cita... a la misma hora, pero en un lugar diferente. Aquellos incidentes y las impresiones del funeral de Ilalotha que, en su momento, le habían parecido tan dudosos y propios de un sueño, volvieron a él con una profunda sensación de realidad, como si estuviesen grabados en su mente por alguna poderosa química del sueño... o por la fuerza de algún encanto hechicero. Le pareció que, indudablemente, Ilalotha se había agitado en su ataúd y le había hablado, que los sepultureros se la habían llevado a la tumba con vida. Quizá su supuesto óbito había sido solamente una especie de catalepsia, o quizá ella habría fingido deliberadamente su muerte en un último esfuerzo para reavivar su pasión. Estos pensamientos despertaron en su interior una avasalladora fiebre de curiosidad y deseo, y vio ante él su belleza pálida, inerte y lujuriosa, al igual que si se la presentase un encantamiento.

Terriblemente preocupado, bajó las oscuras escaleras y atravesó los corredores hasta llegar al laberinto de los jardines, iluminado por la luz de la luna. Maldijo la inoportuna exigencia de Xantlicha. Se dijo a sí mimo que, sin
embargo, era más que probable que la reina, bebiendo continuamente los licores de Tasuun, hubiese alcanzado hacía largo tiempo una condición en la que ni acudiría ni recordaría la cita. Este pensamiento le dio seguridad; pronto llegó a ser una realidad en su mente, que estaba arrobada de una forma extraña, y en lugar de apresurarse hacia el pabellón sur deambuló vagamente entre el pálido y sombrío follaje.

Cada vez le parecía más improbable que nadie, excepto él mismo, estuviese fuera, porque las largas y poco iluminadas alas del palacio se extendían en un vacío sopor y en los jardines sólo había sombras muertas y estanques de tranquila fragancia donde los vientos iban a ahogarse. Y por encima de todo, como una pálida y monstruosa amapola, la luna destilaba una somnolencia blanca como la muerte.

Thulos, sin acordarse ya de su cita con Xantlicha, cedió sin más a la urgencia que le impulsaba hacia otra meta. En verdad, era sólo obligado que visitase las tumbas y se enterase de si se había equivocado o no en su creencia con respecto a Ilalotha. Quizá, si él no acudía, ella se ahogaría en el sarcófago cerrado y su fingida muerte se convertiría rápidamente en realidad. De nuevo, como si pronunciadas delante de él y la luz de la luna, oyó las palabras que ella había susurrado, o parecido pronunciar, desde el ataúd: "Ven a verme a medianoche. Te
esperaré en la tumba".

Con los rápidos pasos y pulsaciones de alguien que se dirige hacia el tibio lecho, dulce como los pétalos, de una amante dorada, salió del recinto del palacio por un portillo septentrional que no tenía vigilancia y cruzó el prado, lleno de arbustos, entre los jardines reales y el antiguo cementerio. Sin sentir ni el frío ni el desmayo, entró en aquellos portales de la muerte, siempre abiertos, donde monstruos de cabeza de vampiro en mármol negro, que miraban con ojos horriblemente hundidos, mantenían sus posturas sepulcrales delante de los ruinosos pilones. La misma tranquilidad de las tumbas, de baja altura, el rigor y palidez de los fustes, las espesas sombras de la plantación de cipreses, la inviolabilidad de la muerte que reviste todas las cosas, sirvió para acrecentar la singular
excitación que había incendiado la sangre de Thulos. Era como si hubiera bebido un filtro, condimentado con polvo de momia. Todo a su alrededor, el mortuario silencio le parecía arder y temblar con mil recuerdos de Ilalotha, junto con aquellas expectaciones a las que todavía no había dado imagen formal...

Una vez, con Ilalotha, había visitado la tumba subterránea de sus antepasados, y recordando claramente su situación llegó sin perderse a la entrada, formada por un bajo arco que el cedro ennegrecía. Espesas ortigas y fétidas fumitorias que crecían abundantemente alrededor de la poco frecuentada entrada estaban aplastadas por las pisadas de los que habían entrado allí antes de Thulos, y la herrumbrosa puerta de hierro se abrió pesadamente hacia dentro sobre sus sueltos goznes. A sus pies yacía una antorcha extinguida, abandonada, sin duda, por los sepultureros al partir. Viéndola comprendió que no había llevado con él ni una vela ni un fanal para la exploración de las tumbas, y consideró aquella providencial antorcha como un buen augurio.

Llevando la antorcha encendida, comenzó su investigación. No prestó atención a los amontonados y polvorientos sarcófagos de las primeras filas del subterráneo, porque durante su última visita Ilalotha le había enseñado un nicho en el extremo más interno donde ella también, a su debido tiempo, hallaría sepultura entre los miembros de aquel decadente linaje. Extraña, insidiosamente, como el aliento de algún jardín venenoso, el lánguido y exuberante olor del jazmín vino a su encuentro por el enmohecido aire, entre la entronada presencia de los muertos, y le condujo hasta el sarcófago, que estaba abierto y rodeado por otros herméticamente cerrados. Allí contempló a Ilalotha, yaciendo con el alegre atavío de su funeral, los ojos medio cerrados y los labios semiabiertos y mostrando la misma extraña y radiante belleza, la misma voluptuosa palidez y tranquilidad que había seducido a Thulos con su encanto mortal.

—Sabía que vendrías, oh Thulos —murmuró, estremeciéndose un poco, como involuntariamente bajo el creciente ardor de sus besos, que descendieron rápidamente del cuello al pecho...

La antorcha, que había caído de la mano de Thulos, se apagó entre el espeso polvo...

Xantlicha, retirándose pronto a su aposento, había dormido mal. Quizá había bebido demasiado, o demasiado poco, del oscuro y ardiente vino, o quizá su sangre estuviese enfebrecida por el regreso de Thulos, y su celos, a causa del ardiente beso que él había depositado sobre el brazo de Ilalotha durante las exequias, todavía le turbaban. Se sentía presa de una gran inquietud y se levantó mucho antes de la hora de su encuentro con Thulos, apoyándose en la ventana de la cámara, buscando la frescura que sólo el aire de la noche podía proporcionarle.

Sin embargo, el aire parecía caliente por el incendio de unos hornos ocultos; su corazón parecía aumentar de tamaño dentro de su pecho y ahogarle y su intranquilidad y agitación eran aumentadas, más que disminuidas, por el espectáculo de los jardines arrullados por la luna. Habría corrido al encuentro del pabellón, pero a pesar de su agitación le pareció mejor hacer que Thulos esperase un poco. De esta forma, apoyada en el antepecho de la ventana, pudo verle cuando éste atravesaba los parterres y arbustos. El apresuramiento y urgencia de sus pasos la sobresaltaron como algo poco normal y se maravilló ante su dirección, que únicamente podía llevarla a lugares muy apartados de la cita que ella había fijado. Desapareció de su vista por la avenida bordeada de cipreses, que llevaba a la puerta norte del jardín, y su asombro se mezcló pronto con alarma y rabia al ver que no regresaba.

Para Xantlicha era incomprensible que Thulos, o cualquier hombre en su sano juicio, se hubiese atrevido a olvidar la cita, y buscando una explicación, supuso que se trataba probablemente de la obra de alguna poderosa y siniestra hechicería. Tampoco fue difícil para ella identificar a la hechicera, a la luz de ciertos incidentes que había presenciado y de mucho más que había sido rumoreado. La reina sabía que Ilalotha había amado a Thulos hasta el frenesí y que lamentó inconsolablemente su deserción. La gente decía que había realizado, sin éxito, varios conjuros para hacerle volver a ella y que, en vano, había invocado y sacrificado a los demonios y fabricado inútiles hechizos y conjuros de muerte contra Xantlicha. Había muerto, finalmente, de pura melancolía y
desesperación, o quizá se hubiese matado a sí misma con algún desconocido veneno. Pero según la creencia más extendida en Tasuun, cuando una bruja moría de esta forma, con deseos insatisfechos y ambiciones frustradas, podía convertirse en una lamia o en un vampiro y conseguir de esta manera la consumación de todas sus hechicerías...

La reina tembló al recordar tales cosas y al recordar también la horrible y maligna transformación que acompañaba la consecución de fines semejantes, ya que los que utilizaban de esta manera el poder del infierno debían tomar el verdadero carácter y el aspecto real de los seres infernales. Comprendió demasiado bien el destino de Thulos y el peligro al que iba a exponerse si sus sospechas resultasen ciertas. Y sabiendo que podía enfrentarse a un peligro igual, Xantlicha decidió seguirle.

No hizo muchos preparativos, porque no había tiempo que perder, pero sacó bajo los sedosos cojines de su lecho una daga pequeña y de recta hoja que guardaba siempre al alcance de la mano. La daga había sido untada con un veneno que se suponía eficaz contra los vivos y contra los muertos desde la punta hasta la empuñadura. Apretándola en su mano derecha y llevando, en la otra, un fanal que podría necesitar más tarde, Xantlicha salió velozmente del palacio.

Los últimos vapores del vino de la tarde se borraron por completo de su cerebro y surgieron terrores vagos y fantasmales, avisándole como si fuesen las voces de los espíritus ancestrales. Pero firme en su determinación, siguió el sendero tomado por Thulos, el sendero que tomaron antes aquellos enterradores que habían conducido a Ilalotha a su lugar de sepultura. Revoloteando de árbol en árbol, la luna le acompañaba como un rostro agujereado por los gusanos. El suave y rápido sonido de sus coturnos rompiendo el blanco silencio parecía desgarrar la delgada telaraña que la separaba de un mundo de abominaciones espectrales. Y recordó más y más cosas sobre las leyendas que se referían a seres semejantes a Ilalotha y su corazón se encogió porque sabía que no encontraría una mujer mortal, sino una cosa resucitada y animada por el séptimo infierno. Pero entre el pavor de estos horrores, el pensamiento de Thulos en brazos de la lamia era como una marca al rojo que quemase su pecho.

La necrópolis se abría ahora ante Xantlicha y el sendero se adentraba por la cavernosa penumbra de los árboles funerales de altas copas, como pasando entre bocas sombrías y monstruosas que tuviesen por colmillos los blancos monumentos. El aire se volvió pesado y horrible, como si estuviese contaminado por el aliento de las criptas abiertas. Aquí la reina fue más despacio, porque parecía que unos demonios negros e invisibles la rodeaban surgiendo del suelo de la tumba, sobresaliendo más altos que fustes y troncos, listos a atacarla si iba más lejos. Sin embargo, pronto llegó a la oscura entrada que buscaba. Trémulamente, encendió el cabo de la linterna y, desgarrando la espesa oscuridad subterránea que se extendía ante ella con su rayo de luz, entró con terror y repugnancia mal dominados en aquella horrible morada de la muerte... y quizá de algo que había vuelto de ella.

Sin embargo, mientras recorría las primeras revueltas de la catacumba pareció que no iba a encontrar nada más aborrecible que recipientes de carroña y polvo amontonado por los siglos, nada más formidable que la profusión de sarcófagos que bordeaban las repisas de piedra profundamente excavadas, sarcófagos que habían permanecido en su lugar y sin ser molestados desde el tiempo de su colocación. Seguramente el sueño de todos los muertos y la nulidad de la muerte eran inviolables aquí.

La reina casi dudaba de que Thulos la hubiese precedido por allí hasta que, volviendo la luz hacia el suelo, distinguió las huellas de sus escarpines, esbeltos y de largas puntas, sobre el espeso polvo entre las huellas dejadas por los sepultureros toscamente calzados. Y vio que las huellas de Thulos señalaban únicamente en una dirección, mientras las de los otros iban y volvían claramente.

Entonces, a una distancia indefinida entre las sombras, Xantlicha oyó un sonido en el que se mezclaba el débil gemido de una mujer presa del amor con un rechinar como el de los chacales sobre la carne. La sangre se heló en su corazón mientras avanzaba paso a paso lentamente, asiendo la daga con una mano, que escondía a sus espaldas, y sosteniendo con la otra la luz por delante. El sonido se hizo más alto y más claro y le llegó un perfume semejante al de las flores en una tibia noche de junio: pero mientras continuaba avanzando, el perfume se mezclaba cada vez más con una pestilencia sofocante, como no había conocido nunca, con un toque de olor a sangre fresca.

Unos cuantos pasos más y Xantlicha se detuvo como si la hubiese detenido el brazo de un demonio, porque la luz de su farol había encontrado el rostro y la parte superior del cuerpo de Thulos saliendo por el extremo de un sarcófago, nuevo y recién bruñido, que ocupaba un pequeño espacio entre otros, verdes por el orín. Una de las manos de Thulos se agarraba rígidamente al borde del sarcófago, mientras la otra mano, moviéndose débilmente, parecía acariciar una vaga forma que se inclinaba sobre él con brazos de la blancura del jazmín, a la estrecha luz del fanal, y negros dedos que se hundían en su pecho. Su cabeza y su cuerpo parecían un caparazón vacío y su mano colgaba sobre el borde de bronce, tan delgada como la de un esqueleto. Todo su aspecto era exangüe, como
si hubiese perdido más sangre de la que era evidente en su garganta y rostro destrozados y en su empapado atuendo y chorreante cabello.

La cosa que se inclinaba sobre Thulos emitía incesantemente aquel sonido que era medio gemido y medio gruñido. Y mientras Xantlicha quedaba petrificada por el miedo y el horror, pareció escuchar un indistinto murmullo, proveniente de los labios de Thulos, que era más de éxtasis que de dolor. El murmullo cesó y la cabeza colgó más flojamente que antes, de forma que la reina le tomó por, finalmente, muerto. Ante esto, reunió tal airado coraje que se sintió capaz de dar un paso más y elevar la luz, porque, incluso en su extremo pánico, se le ocurrió que, por medio de la daga envenenada mágicamente, quizá pudiera todavía acabar con la cosa que había asesinado a Thulos.

Zigzagueando, la luz subió y subió, descubriendo, pulgada a pulgada, la infamia que Thulos había acariciado en la oscuridad... Subió hasta las barbillas cubiertas de sangre y el colmilludo y entrecruzado orificio que era mitad boca y mitad pico..., hasta que Xantlicha supo por qué el cuerpo de Thulos era un simple caparazón encogido... en lo que la reina vio no quedaba de Ilalotha nada más que los blancos y voluptuosos brazos y la vaga silueta de unos pechos humanos que por momentos se disolvían y se convertían en pechos que no lo eran, como arcilla moldeada por un escultor demoniaco. Los brazos también comenzaron a cambiar y a oscurecerse, y mientras lo hacían, la moribunda mano de Thulos se agitó de nuevo y se dirigió torpemente, en un movimiento acariciante, hacia el horror. Y la cosa no pareció prestarle atención, sino que retiró los dedos de su pecho y tendió por encima suya unas extremidades que se extendían enormemente, como para clavárselos a la reina o acariciarla con sus engarfiadas garras.

Fue entonces cuando Xantlicha dejó caer el fanal y la daga y salió corriendo de la tumba, poseída por las sacudidas y las agudas e interminables risas de una locura incurable.


No hay comentarios:

Archivo del blog

_____________

¡Suscríbete!

Wikio Estadisticas de visitas Leer mi libro de visitas Firmar el libro de visitas Technorati Profile Add to Technorati Favorites

PARA PASAR UN BUEN RATO

Etiquetas

Philip K. Dick (144) SPECIAL (138) cuentos de zotique (18) 2ªparte (16) zothique (16) edgar allan poe (15) salvatore (14) relato (13) las guerras demoniacas (12) scifi (11) 1ªPat. (10) Terry Pratchett (10) Charles Dickens (8) cuentos (7) thomas harris (7) Fredric Brown (6) cuento (6) stars wars (6) terror (6) timothy (6) zahn (6) Anne Rice (5) MundoDisco (5) anibal lecter (5) ARTHUR C. CLARKE (4) CONFESIONES DE UN ARTISTA DE MIERDA (4) ESPECIAL (4) Hermann Hesse (4) Jonathan Swift (4) Jorge Luis Borges (4) LOS TRES MOSQUETEROS (4) anonimo (4) conan (4) gran hermano (4) jack london (4) lloyd alexander (4) paulo coelho (4) ray bradbury (4) 1984 (3) 2volumen (3) EL ALEPH (3) EL LADRON DE CUERPOS (3) Edgar Rice Burroughs (3) El Éxodo De Los Gnomos (3) FINAL (3) GIBRÁN KHALIL GIBRÁN (3) H. P. Lovecraft (3) Homero (3) Oscar Wilde (3) REINOS OLVIDADOS (3) Richard Awlinson (3) Robert E. Howard (3) Stephen King (3) apocaliptico (3) aventuras de arthur gordon pyn (3) barbacan (3) bruxas de portobello (3) chuck palahniuk (3) ciencia ficcion (3) clive barker (3) compendio de la historia (3) dragon rojo (3) el apostol del demonio (3) fantasia (3) george orwel (3) imagenes (3) la guarida del maligno (3) leyes de internet (3) lord dunsany (3) poul anderson (3) thiller (3) un mundo feliz (3) 06 (2) 1volumen (2) 1ªCap (2) 2 (2) 2001 una odisea espacial (2) 3 (2) 3volumen (2) 3ªparte (2) 4volumen (2) 5volumen (2) Anonymous (2) Anton Chejov (2) CUENTOS DE LA ALHAMBRA (2) Corto de Animación (2) Cuentos Maravillosos (2) David Eddings (2) Dragonlance (2) EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS (2) EL MUNDO DE JON (2) ENTRADAS (2) El jugador (2) El retrato de Dorian Gray (2) Eliphas Levi (2) Fistandantilus (2) Fitzgerald (2) Fábulas (2) Fëdor Dostoyevski (2) HORACIO QUIROGA (2) IMPOSTOR (2) JUAN SALVADOR GAVIOTA (2) José de Esponceda (2) Julio Verne (2) LA ISLA DEL TESORO (2) LA ODISEA (2) LOS VERSOS SATANICOS (2) Libro 2 de Leyendas Perdidas (2) Lord Byron (2) Lovecraft (2) MARQUES DE SADE (2) Mundo Disco (2) PODEMOS RECORDARLO TODO POR USTED (2) Pandora (2) Paul Auster (2) Robert L. Stevenson (2) Tantras (2) Terry Pratchet (2) Washington Irving (2) a vuestros cuerpos dispersos (2) aldous huzley (2) ambrose bierce (2) anthony bruno (2) august derleth (2) aventura (2) cap.3º (2) clarise (2) cronicas marcianas (2) dracula (2) dragones (2) el abat malefico (2) el angel y el apocalipsis (2) el club de la lucha (2) el despertar del demonio (2) el espiritu del dactilo (2) el hijo de elbrian (2) el silencio de los corderos (2) el silencio de los inocentes (2) el templo (2) guerras demoniacas (2) h.p. lovecraft (2) hannibal (2) hannibal lecter (2) heredero del imperio (2) historia (2) ii (2) indice (2) jaime a. flores chavez (2) markwart (2) novela (2) parte1ª (2) pecados capitales (2) philip jose farmer (2) poema (2) policiaco (2) republica internet (2) seven (2) vampiros (2)  jack london Las muertes concéntricas (1) "Canción del pirata" (1) (1932) (1) (1988) (1) 01 (1) 02 (1) 03 (1) 04 (1) 05 (1) 1 (1) 13 cuentos de fantasmas (1) 1554 (1) 20 reglas para el juego del poder (1) 2001 (1) (1) 3º y 4ºcaps. (1) 5 (1) (1) 6 (1) 666 (1) (1) (1) (1) 9º cap. (1) A Tessa (1) A mi amor (1) ABOMINABLE (1) ACEITE DE PERRO (1) ACTO DE NOVEDADES (1) ADIÓS VINCENT (1) AGUARDANDO AL AÑO PASADO (1) AIRE FRIO (1) ALAS ROTAS (1) ALCACER (1) ALFRED BESTER (1) ALGO PARA NOSOTROS TEMPONAUTAS (1) ALGUNAS CLASES DE VIDA (1) ALGUNAS PECULIARIDADES DE LOS OJOS (1) ANTES DEL EDEN (1) AQUÍ YACE EL WUB (1) ARAMIS (1) AUTOMACIÓN (1) AUTOR AUTOR (1) AVALON (1) AVENTURA EN EL CENTRO DE LA TIERRA (1) Agripa (1) Aguas Profundas (1) Alaide Floppa (1) Alejandro Dumas (1) Alekandr Nikoalevich Afanasiev (1) Algunos Poemas a Lesbia (1) Alta Magia (1) Ana María Shua (1) Angélica Gorodischer - EL GRAN SERAFÍN (1) Anónimo (1) Apariciones de un Ángel (1) Archivo (1) Arcipreste de Hita (1) Aventuras de Robinson Crusoe (1) BBaassss (1) BRUTALIDAD POLICIAL DE LA CLASE DOMINANTE (1) Barry Longyear (1) Benito Pérez Galdós (1) Beowulf (1) Berenice se corta el pelo (1) Bram Stoker (1) Bruce Sterling (1) Brujerías (1) BÉBASE ENTERO: CONTRA LA LOCURA DE MASAS (1) CADA CUAL SU BOTELLA (1) CADBURY EL CASTOR QUE FRACASÓ (1) CADENAS DE AIRE TELARAÑAS DE ÉTER (1) CAMILO JOSE CELA (1) CAMPAÑA PUBLICITARIA (1) CANTATA 140 (1) CARGO DE SUPLENTE MÁXIMO (1) CARTERO (1) CIENCIA-FICClON NORTEAMERICANA (1) COLONIA (1) CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978 (1) COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE (1) COTO DE CAZA (1) CUENTO DE NAVIDAD (1) CUENTO DE POE (1) CYBERPUNK (1) Calila y Dimna (1) Camioneros (1) Canción del pirata (1) Cavadores (1) Charles Bukowski (1) Clark Ashton Smith (1) Constitución 1845 (1) Constitución de 1834 (1) Constitución de 1837 (1) Constitución de 1856 (1) Constitución de 1871 (1) Constitución de 1876 (1) Constitución de 1931 (1) Constitución de 1978 (1) Constitución española de 1812 (1) Crónicas de Belgarath (1) Cuatro Bestias en Una: El Hombre Cameleopardo (1) Cuentos De Invierno (1) Cuentos De Invierno 2 (1) Cuerpo de investigación (1) CÁNOVAS (1) CÁTULO (1) DEL TIEMPO Y LA TERCERA AVENIDA (1) DESAJUSTE (1) DESAYUNO EN EL CREPÚSCULO (1) DESPERTARES. (1) DETRÁS DE LA PUERTA (1) DIABLO (1) DIÁLOGO SOBRE LA PENA CAPITAL (1) DOCTOR BHUMBO SINGH (1) DON DINERO (1) Daniel Defoe (1) Dashiell Hammett (1) Denuncia (1) Dia De Suerte (1) Divina Comedia (1) Dolores Claiborne (1) Douglas Adams (1) Douglas Niles (1) EL ABONADO (1) EL AHORCADO (1) EL ARTEFACTO PRECIOSO (1) EL CARDENAL (1) EL CASO RAUTAVAARA (1) EL CAÑÓN (1) EL CLIENTE PERFECTO (1) EL CLUB DE LUCHA (1) EL CONSTRUCTOR (1) EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS (1) EL CUENTO FINAL DE TODOS LOS CUENTOS (1) EL DIENTE DE BALLENA (1) EL DÍA QUE EL SR. COMPUTADORA SE CAYÓ DE SU ÁRBOL (1) EL FABRICANTE DE CAPUCHAS (1) EL FACTOR LETAL (1) EL FALLO (1) EL GRAN C (1) EL HALCÓN MALTÉS (1) EL HOBBIT (1) EL HOMBRE DORADO (1) EL HOMBRE VARIABLE (1) EL HÉROE ES ÚNICO (1) EL INFORME DE LA MINORÍA (1) EL LADO OSCURO DE LA TIERRA (1) EL LOCO (1) EL MARTILLO DE VULCANO (1) EL MUNDO CONTRA RELOJ (1) EL MUNDO QUE ELLA DESEABA (1) EL OJO DE LA SIBILA (1) EL PADRE-COSA (1) EL PLANETA IMPOSIBLE (1) EL PRINCIPE (1) EL REY DE LOS ELFOS (1) EL TIMO (1) EL TRITÓN MALASIO (1) EL VAGABUNDO (1) EL ÍDOLO OSCURO (1) EL ÚLTIMO EXPERTO (1) ELOGIO DE TU CUERPO (1) EN EL BOSQUE DE VILLEFERE Robert E. Howard (1) EN EL JARDÍN (1) EN LA TIERRA SOMBRÍA (1) EQUIPO DE AJUSTE (1) EQUIPO DE EXPLORACIÓN (1) ERLATHDRONION (1) ESCRITOS TEMPRANOS (1) ESPADAS CONTRA LA MAGIA (1) ESPADAS CONTRA LA MUERTE (1) ESPADAS ENTRE LA NIEBLA (1) ESPADAS Y DEMONIOS (1) ESPADAS Y MAGIA HELADA (1) ESTABILIDAD (1) EXPOSICIONES DE TIEMPO (1) EXTRAÑOS RECUERDOS DE MUERTE (1) Eco (1) El Anillo Mágico de Tolkien (1) El Anticristo (1) El Asesino (1) El Barón de Grogzwig (1) El Cartero Siempre Llama Dos Veces (1) El Color De La Magia (1) El Corsario (1) El Dragón (1) El Entierro (1) El Incidente del Tricentenario (1) El Invitado De Drácula (1) El Jardín del Miedo (1) El Mago de Oz (1) El Misterio De Marie Roget (1) El Paraíso Perdido (1) El País De Las Últimas Cosas (1) El Presidente del Jurado (1) El Relato Del Pariente Pobre (1) El Vendedor de Humo (1) El camaleón (1) El caso de Charles Dexter Ward (1) El coronel no tiene quien le escriba (1) El doble sacrificio (1) El guardián entre el centeno (1) El hundimiento de la Casa de Usher (1) El judío errante (1) El manuscrito de un loco (1) El misterio (1) El número 13 (1) El pez de oro (1) El príncipe feliz (1) El puente del troll (1) El que cierra el camino (1) Electrobardo (1) Erasmo de Rotterdam (1) Estatuto de Bayona (1) FLAUTISTAS EN EL BOSQUE (1) FLUYAN MIS LÁGRIMAS DIJO EL POLICÍA (1) FOSTER ESTÁS MUERTO... (1) Fantasmas de Navidad (1) Federico Nietzsche (1) Festividad (1) Floyd L. Wallace (1) Francisco de Quevedo y Villegas (1) Franz Kafka (1) Fritz Leiber (1) GESTARESCALA (1) Gabriel García Márquez (1) Genesis (1) Gesta de Mio Cid (1) HISTORIA DE DOS CIUDADES (1) HISTORIA EN DOS CIUDADES (1) HUMANO ES (1) Historias de fantasmas (1) INFORME SOBRE EL OPUS DEI (1) IRVINE WELSH (1) Inmigración (1) Isaac Asimov (1) Itaca (1) J.R.R. TOLKIEN (1) JAMES P. CROW (1) JUEGO DE GUERRA (1) Jack London -- La llamada de la selva (1) John Milton (1) Jorge Manrique (1) Joseph Conrad (1) Juan Ruiz (1) Juan Valera (1) LA ARAÑA ACUÁTICA (1) LA BARRERA DE CROMO (1) LA CALAVERA (1) LA CAPA (1) LA CRIPTA DE CRISTAL (1) LA ESPAÑA NEGRA (1) LA ESTRATAGEMA (1) LA FE DE NUESTROS PADRES (1) LA GUERRA CONTRA LOS FNULS (1) LA HERMANDAD DE LAS ESPADAS (1) LA HORMIGA ELÉCTRICA (1) LA INVASIÓN DIVINA (1) LA JUGADA (1) LA LAMPARA DE ALHAZRED (1) LA M NO RECONSTRUIDA (1) LA MAQUETA (1) LA MAQUINA PRESERVADORA (1) LA MENTE ALIEN (1) LA MIEL SILVESTRE (1) LA NAVE DE GANIMEDES (1) LA NAVE HUMANA (1) LA NIÑERA (1) LA PAGA (1) LA PAGA DEL DUPLICADOR (1) LA PENÚLTIMA VERDAD (1) LA PEQUEÑA CAJA NEGRA (1) LA PIMPINELA ESCALATA (1) LA PUERTA DE SALIDA LLEVA ADENTRO (1) LA RANA INFATIGABLE (1) LA REINA DE LA HECHICERÍA (1) LA SEGUNDA LEY (1) LA SEGUNDA VARIEDAD (1) LA TRANSMIGRACIÓN DE TIMOTHY ARCHER (1) LA VIDA EFÍMERA Y FELIZ DEL ZAPATO MARRÓN (1) LA VIEJECITA DE LAS GALLETAS (1) LABERINTO DE MUERTE (1) LAS ESPADAS DE LANKHMAR (1) LAS PARADOJAS DE LA ALTA CIENCIA (1) LAS PREPERSONAS (1) LEYENDA DE LA CALLE DE NIÑO PERDIDO (1) LO QUE DICEN LOS MUERTOS (1) LOS CANGREJOS CAMINAN SOBRE LA ISLA (1) LOS CAZADORES CÓSMICOS (1) LOS CLANES DE LA LUNA ALFANA (1) LOS DEFENSORES (1) LOS DÍAS DE PRECIOSA PAT (1) LOS INFINITOS (1) LOS MARCIANOS LLEGAN EN OLEADAS (1) LOS REPTADORES (1) LOTERÍA SOLAR (1) LSD (1) La Caza de Hackers (1) La Dama de las Camelias (1) La Habitación Cerrada (1) La Ilíada (1) La Luna Nueva (1) La Luz Fantástica (1) La Metamorfosis (1) La Nave (1) La Tortura de la Esperanza (1) La canción de Rolando (1) La catacumba (1) La familia de Pascual Duarte (1) La peste escarlata (1) La senda de la profecía (1) Las Campanas (1) Las Tablas Del Destino (1) Las cosas que me dices (1) Ley de Extranjería (1) Libro 1 (1) Libro 2 (1) Libro 3 (1) Libro de Buen Amor (1) Los Versos Satánicos (1) Los siete mensajeros (1) Lyman Frank Baum (1) MADERO (1) MAQUIAVELO (1) MECANISMO DE RECUPERACIÓN (1) MINORITY REPORT (1) MINORITY REPORT (1) MIO CID (1) MUERTE EN LA MONTAÑA (1) MUSICA (1) MUÑECOS CÓSMICOS (1) Mario Levrero (1) Marqués de Sade (1) Mary Higgins Clark (1) Marzo Negro (1) Mascarada (1) Miedo en la Scala (1) Montague Rhodes James (1) Mort (1) NO POR SU CUBIERTA (1) NOSOTROS LOS EXPLORADORES (1) NUESTROS AMIGOS DE FROLIK 8 (1) NUL-O (1) Nausícaa (1) Neuromante (1) Nombre (1) OBRAS ESCOGIDAS (1) OCTAVIO EL INVASOR (1) OH SER UN BLOBEL (1) OJO EN EL CIELO (1) ORFEO CON PIES DE ARCILLA (1) Odisea (1) Origen (1) Otros Relatos (1) PARTIDA DE REVANCHA (1) PESADILLA EN AMARILLO (1) PESADILLA EN BLANCO (1) PESADILLA EN ROJO (1) PESADILLA EN VERDE (1) PHILI K. DICK (1) PHILIP K. DICK . ¿QUE HAREMOS CON RAGLAND PARK? (1) PHILIP K.DICK (1) PIEDRA DE TOQUE (1) PIEZA DE COLECCIÓN (1) PLANETA DE PASO (1) PLANETAS MORALES (1) PODEMOS CONSTRUIRLE (1) PROBLEMAS CON LAS BURBUJAS (1) PROGENIE (1) PROYECTO: TIERRA (1) Patrick Süskind (1) Peter Shilston (1) Petición pública (1) Poema de amarte en silencio (1) Poemas Malditos (1) Poesía (1) QUISIERA LLEGAR PRONTO (1) R.L. Stevenson (1) RENZO (1) ROMANCERO ANONIMO (1) ROOG (1) Rechicero (1) Residuos (1) Richard Back (1) Richard Matheson (1) Ritos Iguales (1) Robert Bloch (1) Ruido atronador (1) SACRIFICIO (1) SAGRADA CONTROVERSIA (1) SERVICIO DE REPARACIONES (1) SERVIR AL AMO (1) SI NO EXISTIERA BENNY CEMOLI... (1) SNAKE (1) SOBRE LA DESOLADA TIERRA (1) SOBRE MANZANAS MARCHITAS (1) SOY LEYENDA (1) SPECIAL - (1) SU CITA SERÁ AYER (1) SUSPENSIÓN DEFECTUOSA (1) Saga Macross (1) Salman Rushdie (1) San Juan de la Cruz (1) Si me amaras (1) Siglo XIX (1) Significado (1) SÍNDROME DE RETIRADA (1) TAL COMO ESTÁ (1) TIENDA DE CHATARRA (1) TONY Y LOS ESCARABAJOS (1) Tarzán y los Hombres Leopardo (1) Teatro de Crueldad (1) Telémaco (1) The Reward (1) Thomas M. Disch (1) Trainspotting (1) Tu aroma (1) UBIK (1) UN ESCÁNDALO EN BOHEMIA (1) UN MUNDO DE TALENTOS (1) UN PARAÍSO EXTRAÑO (1) UN RECUERDO (1) UN REGALO PARA PAT (1) UNA INCURSIÓN EN LA SUPERFICIE (1) UNA ODISEA ESPACIAL (1) Una Historia Corta del MundoDisco (1) VETERANO DE GUERRA (1) VIDEO (1) VISITA A UN PLANETA EXTRAÑO (1) VIVA LA PEPA (1) Viajes de Gulliver (1) Villiers de L'Isle Adam (1) Volumen I de Avatar (1) Volumen II de Avatar (1) Volumen III de Avatar (1) WILLIAM BURROUGHS (1) William Gibson (1) Y GIRA LA RUEDA (1) YONQUI (1) a fox tale (1) agatha christie (1) aguas salobres (1) alan dean foster (1) alas nocturnas (1) alfonso linares (1) alien (1) allan (1) americano actual (1) amor oscuro (1) anabelle lee (1) anarko-underground (1) angeles (1) anon (1) antigua versión (1) apostasia (1) art (1) arthur conan doyle (1) asceta (1) asesinatos (1) avatar (1) aventuras (1) bajo el signo de alpha (1) berenice (1) biografia (1) bipolaridad (1) brujas.benito perez galdos (1) budismo (1) budista (1) cabeza de lobo (1) cap.2º (1) cap1º (1) cap2º (1) carnamaros (1) castas (1) castellana (1) chinos (1) ciberpunk (1) cimmeriano (1) citas (1) coaccion (1) coelho (1) como suena el viento (1) corto (1) cronicas de pridayn 2 (1) cronicas de pridayn 3 (1) cronicas de pridayn 4 (1) cronicas de prydayn 1 (1) cronicas de prydayn tr (1) cruvia (1) cuentos de un soñador (1) cuentos y fabulas (1) dactilo (1) dark (1) darren shan (1) definicion (1) demian (1) demonios (1) descontrol (1) dino buzzati (1) drogado (1) e.a.poe (1) edgar (1) el amo de los cangrejos (1) el barril del amontillado (1) el bucanero (1) el caldero magico (1) el castillo de llir (1) el cimerio (1) el corazon delator (1) el defensor (1) el demonio de la perversidad (1) el dios de los muertos (1) el enigma de las sociedades secretas (1) el escarabajo de oro (1) el fruto de la tumba (1) el gato negro (1) el gran rey (1) el idolo oscuro (1) el imperio de los nigromantes. (1) el invencible (1) el jardin de adompha (1) el jinete en el cielo (1) el libro de los tres (1) el octavo pasajero (1) el ojo de tandyla (1) el pie del diablo (1) el planeta de los simios (1) el pozo y el péndulo (1) el sexo y yo (1) el superviviente (1) el tejedor de la tumba (1) el ultimo jeroglifico (1) el unico juego entre los hombres (1) el verano del cohete (1) el viaje del rey euvoran (1) elabad negro de puthuum (1) etimologia (1) expulsion (1) fantasma (1) farmacias (1) fragmentos (1) francis bacon (1) frases (1) futuro mecanico (1) gengis khan (1) gnomos (1) goth (1) gothico (1) guerreras (1) guy de maupassant (1) hadas (1) harry potter y la piedra filosofal (1) historia ficcion (1) historietas (1) hombres (1) horror (1) horror onirico (1) i (1) iluminati (1) imperios galacticos (1) imperios galacticos III (1) imperios galaticos (1) inaguracion (1) indio americano (1) isabel allende (1) issac asimov (1) jack vance (1) jorge (1) justine (1) kabytes (1) la carta robada (1) la doctrina secreta (1) la isla de los torturadores (1) la loteria de babilonia (1) la magia de ulua (1) la mascara de la muerte roja (1) la montaña de los vampiros (1) la muerte de ilalotha (1) la nueva atlantida (1) la quimera del oro (1) la sombra (1) la ultima orden (1) las brujas de portobello (1) las tres leyes roboticas (1) lazarillo de tormes (1) libertad (1) libros sangrientos I (1) libros sangrientos II (1) libros sangrientos III (1) ligeia (1) lloid alexander (1) locura (1) los diez negritos (1) los infortunios de la virtud (1) los remedios de la abuela (1) los viejos (1) luis fernando verissimo (1) magia (1) mahatma gahdhi (1) mandragoras (1) mas vastos y mas lentos que los imperios (1) metadona (1) mi religion (1) miscelanea (1) misterio (1) mongoles (1) morthylla (1) movie (1) mujeres (1) new (1) nigromancia en naat (1) no future (1) normandos (1) nueva era (1) nueva republica III (1) nuevas (1) oscuro (1) padre chio (1) palabras (1) parte 3ª (1) parte2ª (1) paulo (1) personajes (1) peter gitlitz (1) pierre boulle (1) placa en recuerdo de la represalia fascista (1) poe (1) poemas Zen (1) poesías (1) politica (1) por una net libre (1) portugues (1) psicosis (1) realidad divergente (1) recopilacion (1) recopilación (1) relato ciencia ficcion (1) relatos (1) relatos de los mares del sur (1) relay (1) republica intrnet (1) ricardo corazon de leon (1) rituales con los angeles (1) robert silverberg (1) robin hood (1) rpg (1) sajones (1) segunda parte (1) sherwood (1) si las palabras hablaran (1) sociedad secreta (1) soma (1) somatico (1) subrealista (1) suicidas (1) taran el vagabundo (1) tramites (1) trasgus (1) trolls (1) u-boat (1) underground (1) ursula k.leguin (1) usher II (1) veronika decide morir (1) vida (1) vikingos (1) volumen VI (1) willian wilson (1) xeethra (1) ylla (1) yo robot (1) zodiacos (1) ¡CURA A MI HIJA MUTANTE! (1) ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? (1) ¿quo vadis? (1) ÁNGELES IGNORANTES (1) Álvares de Azevedo (1)

FEEDJIT Live Traffic Feed